La limpieza es una tarea habitual que no suele realizarse bajo ninguna pauta determinada. Al no organizar el trabajo caemos en el error de valorar de forma negativa el esfuerzo realizado cuando en realidad lo que hay que mejorar es la organización. Una limpieza segura puede resumirse en cuatro consejos fundamentales que pueden leerse a continuación:
- Organización de rotaciones.
Distribuir el tiempo empleado de forma que se limpie todo lo necesario, sin dejarse nada, pero no empleando tiempo excesivo en tareas que no sean necesarias. - Orden en la ejecución.
El seguir un orden al ejecutar las tareas ayudará a no dejar ninguna por hacer, y a evitar que alguna de ellas sea en detrimento de alguna ya realizada. - Manejo de los productos adecuados.
El conocimiento de los productos ayudará a evitar accidentes por uso de productos cuyo destino no es el objetivo que buscamos, bien por que no sean los indicados, bien por un exceso o defecto de dosis en su uso. - Conocimiento de los materiales a limpiar.
Al igual que los productos, hay que conocer los materiales que se van a limpiar, para saber cuál es el producto indicado, además de cómo va a responder el material ante el tratamiento que se le dé.





