Los arboles de Navidad sacrificados basura de Reyes apilada.
Muchos árboles de Navidad, acaban triturados y destinados a abono, ya que son especies foráneas del centro y norte de Europa que no resisten el calor de las calefacciones y acaban por morir. Los arboles naturales son un producto "más ecológico" que los artificiales de plástico. Se evita así "la cadena del petróleo". Los arboles, que en su mayoría proceden de viveros, absorben dióxido de carbono, el principal gas causante del efecto invernadero.
Los más vendidos en España, debido a su buen porte, son las variedades Picea abies y Abies nordmandiana, que alcanzan su crecimiento óptimo entre los tres y cinco años, gracias a los cuidados y abonos que reciben en el vivero. En muy contadas ocasiones estos arboles provienen de talas controladas. Hay que desconfiar de los "vendedores callejeros" que ofrecen árboles de Navidad sin dejar clara cual es su procedencia.
La tasa de supervivencia de los árboles de Navidad fluctúa entre un 5 y 10 %, porque la mayoría se muere con las altas temperaturas de los hogares. En general, se venden con cepellón (raíces) para que aguanten más tiempo y mejor en casa, aunque siempre es conveniente colocarlos cerca de ventanas, en los lugares más frescos del hogar o bien en la terraza.
Una vez acabada la campaña navideña, lo aconsejable es que los árboles navideños no acaben amontonados en las aceras junto a los contenedores de basura. En algunos ayuntamientos se realiza una recogida selectiva de este tipo de "residuo" para que puedan ser reciclados y transformados en abono. Para favorecer la manipulación y transformación es aconsejable retirar cualquier resto no orgánico del árbol, luces, espumillón, bolas decorativas y otros abalorios.
Estas especies son ornamentales no autóctonas y nunca deben utilizarse para reforestar. Igual que ocurre con la fauna exótica, estos árboles navideños entran en conflicto con las especies domésticas y pueden causar un desplazamiento de las mismas.
Si disponemos de un jardín o una terraza amplia también podemos plantarlos directamente en la tierra o en una maceta grande en el balcón. De esta forma contribuimos al medio ambiente y podemos llegar a tener un Árbol de Navidad durante muchos años.
Por otro lado, en el caso de los árboles naturales, como se trata de plantas, hay que seguir ciertas instrucciones que hacen a su mantenimiento. La principal es el riego, que deberá ser constante y en la medida justa. También hay que prestar atención a los abonos y nutrientes que necesite cada especie en particular.
Si tenemos la suerte de disfrutar de un terreno donde poder transplantar nuestro ejemplar navideño, hay varias cosas que debemos tener antes en consideración. Si vamos a esperar un tiempo para colocarlo directamente en el suelo, podemos mantener la conífera en el exterior durante un corto período, procurando cambiar la maceta por otra de mayor tamaño a medida que sus raíces vayan creciendo. En este caso, el abonado que vayamos realizando deberá ser con mayor frecuencia que si estuviera plantada directamente sobre el terreno.
Una vez hayamos colocado el árbol en su zona definitiva, debemos ser constantes con los cuidados que recibirá. Los primeros riegos serán abundantes, aunque sin sobrepasarnos. Una vez transcurridas unas pocas semanas, deberemos ir espaciándolos vigilando que no se seque demasiado la tierra. Es preferible que pase sed a que la ahoguemos porque el exceso de agua favorece la aparición de hongos, y esto es más perjudicial. Para abonarlo es bueno mezclar fertilizante orgánico con la tierra donde vayamos a colocar la conífera. Posteriormente, podemos aprovechar el inicio de cada primavera para aplicar una pequeña cantidad de abono líquido o sólido, rico en magnesio y azufre, para fortalecer su crecimiento. A la hora de podarlo, conviene aprovechar el final del invierno para ponernos manos a la obra. Es recomendable oxigenarlo bien por debajo, cortando las ramas que queden a ras de suelo. El tener una conífera frondosa y de buena apariencia en el futuro dependerá de las podas que se realicen en su juventud. Durante el resto del año podremos realizar podas ligeras para corregir su forma.
De este modo, queda en la mano de cada uno el darle una segunda oportunidad a nuestro árbol de Navidad.



